Cuando alguien empieza a bordar en papel, la aguja suele ser lo último en lo que piensa. «Una aguja es una aguja», parece. Hasta que el papel se rasga al pasar el hilo, o los agujeros quedan enormes, o el hilo no entra por el ojo y hay que forzarlo.
La aguja importa, y en papel más que en tela. Este artículo explica qué aguja usar para bordar en papel y por qué en realidad necesitas dos herramientas distintas.
Dos funciones distintas
En el bordado en papel hay dos momentos: perforar y bordar. Y cada uno pide una herramienta diferente.
Para perforar se necesita algo que haga agujeros limpios y de tamaño constante. Lo ideal es un punzón de manualidades con mango, que se sujeta con comodidad y permite presionar en vertical. Si no tienes, sirve una aguja gruesa clavada en un corcho o en una goma de borrar a modo de mango.

Para bordar se necesita una aguja que pase por esos agujeros arrastrando el hilo sin agrandarlos. Aquí entra la aguja de bordar propiamente dicha.
Cómo debe ser la aguja de bordar
Hay tres características que mirar.
El grosor. La aguja debe ser igual o algo más fina que el agujero que has hecho con el punzón. Si es más gruesa, cada pasada agranda el agujero y el papel acaba cediendo.
El ojo. Debe ser lo bastante grande para que entre el hilo con comodidad, pero no tanto que el propio ojo, más ancho que el cuerpo de la aguja, rompa el agujero al pasar. Las agujas de bordar tipo crewel, con ojo alargado, suelen funcionar muy bien con dos o tres hebras de mouliné.
La punta. En papel ya perforado, la punta no tiene que abrir camino, solo encontrar el agujero. Una punta afilada ayuda a ser preciso; una punta roma, como la del punto de cruz, también funciona y es más cómoda si te pinchas a menudo.

Qué tamaño elegir
Las agujas se numeran: en la mayoría de sistemas, cuanto mayor es el número, más fina es la aguja. Para bordar en cartulina con dos o tres hebras de mouliné, las agujas de bordar de tamaño medio suelen ser las más cómodas.
Lo más práctico es comprar un paquete surtido y probar. Enhebra la aguja con el hilo que vas a usar y pásala por un agujero de prueba. Si entra sin forzar y el agujero no se agranda, es la adecuada.
La relación entre aguja, hilo y agujero
Estas tres cosas tienen que estar equilibradas. Un hilo grueso necesita un ojo grande, que a su vez necesita un agujero más grande, que a su vez necesita más separación entre agujeros para no debilitar el papel.
Por eso, si quieres líneas finas y delicadas, usa pocas hebras, una aguja fina y un punzón fino. Si buscas líneas marcadas, más hebras, aguja más gruesa y agujeros algo más separados.
Problemas habituales y cómo resolverlos
Si el papel se rasga al pasar la aguja, probablemente la aguja es más gruesa que el agujero, o el ojo es demasiado ancho. Prueba con una más fina o agranda ligeramente los agujeros con el punzón.
Si el hilo se deshilacha, la aguja puede tener el ojo demasiado justo y rozar el hilo. Cambia a una de ojo más grande o usa menos hebras.
Si te cuesta encontrar el agujero desde detrás, trabaja con buena luz y, si hace falta, mira la cartulina a contraluz antes de empezar para tener localizado el recorrido.
Para fotobordado
Al bordar sobre una fotografía impresa, el papel suele ser algo más frágil que la cartulina. Usa agujas finas, agujeros algo más separados y perfora por detrás para no marcar la imagen. Te lo contamos en cómo bordar una foto.
El resto de materiales
La aguja es una pieza más del conjunto. Tienes la lista completa, con consejos para elegir cada cosa, en materiales para bordar en papel. Y si quieres conocer todas las agujas de bordado, no solo las de papel, mira tipos de agujas de bordar.

Preguntas frecuentes
Se puede, pero no es lo ideal. Lo más cómodo es perforar con un punzón, que hace agujeros limpios y constantes, y bordar con una aguja algo más fina que el agujero.
Depende del hilo y del agujero. Lo práctico es comprar un paquete surtido y probar: la aguja enhebrada debe pasar por el agujero sin forzarlo.
Probablemente la aguja, o su ojo, es más gruesa que el agujero. Prueba una más fina o agranda un poco los agujeros con el punzón.
Una aguja fina, con agujeros algo más separados y perforados por detrás de la foto, porque el papel fotográfico suele ser más frágil que la cartulina.
En papel ya perforado, ambas sirven. La afilada ayuda a ser precisa; la roma evita pinchar el papel donde no hay agujero.

