El bordado a mano es una de las artesanías más antiguas que existen, y también una de las más vivas. Se ha usado para decorar ropa, marcar ajuares, contar historias y, hoy, para crear piezas que se cuelgan en la pared como pequeñas obras. Lo bonito es que, con todo ese recorrido, sigue necesitando lo mismo de siempre: una aguja, un hilo, una tela y tiempo.
Esta guía recorre el proceso completo, desde elegir la tela hasta presentar la pieza terminada. Si buscas solo las puntadas, las tienes en puntos de bordado a mano.
Los materiales
La tela es lo primero. Para empezar, lo más cómodo son las telas de trama firme y no elástica: algodón de grosor medio o lino. El lino tiene una textura preciosa y una caída muy noble; el algodón es más económico y fácil de manejar. Las telas elásticas, como el punto de camiseta, se deforman y conviene dejarlas para más adelante.
El bastidor mantiene la tela tensa mientras bordas. Los de madera, con un tornillo para ajustar, son los más habituales. Elige uno algo más grande que tu diseño.
Las agujas de bordar tienen el ojo alargado para que entre el hilo de varias hebras. Un paquete con varios tamaños te servirá para casi todo.
El hilo mouliné es el más versátil. Además existen hilos perlé, más gruesos y brillantes, lanas finas para el bordado crewel e hilos metálicos para detalles.
Y unas tijeras pequeñas y afiladas, un lápiz o rotulador borrable para marcar y, si quieres, un dedal.
Transferir el diseño a la tela
Antes de bordar hay que pasar el dibujo a la tela. Hay varias maneras, según lo clara que sea:
En telas claras y finas, la más sencilla es calcar a contraluz: pega el diseño en una ventana, coloca la tela encima y repasa las líneas con un lápiz o un rotulador que se borre con agua o con calor.

En telas oscuras o gruesas funciona el papel de calco para tela: se coloca entre el diseño y la tela y se repasa con un punzón o un bolígrafo sin tinta.
También existen estabilizadores solubles en los que se imprime el diseño, se pegan sobre la tela y desaparecen con agua al terminar.
Tensar la tela en el bastidor
Afloja el tornillo, separa los dos aros, coloca la tela sobre el aro interior con el diseño centrado y encaja el exterior encima. Ve tirando suavemente de los bordes de la tela mientras aprietas el tornillo, hasta que quede tensa como la piel de un tambor, pero sin que la trama se deforme.

Si la tela se afloja mientras bordas, vuelve a tensarla. Bordar sobre tela floja es la causa más habitual de puntadas irregulares y arrugas.
Empezar y rematar sin nudos visibles
Hay quien borda con nudo y no pasa nada, sobre todo en piezas que no se van a lavar. Pero un nudo puede abultar por detrás y marcarse por delante.
Una alternativa limpia es el nudo de descarte: haz un nudo en el extremo del hilo y clávalo por delante, unos centímetros lejos de donde vas a empezar, en la dirección en la que vas a bordar. Al avanzar, tus puntadas irán cubriendo ese hilo por detrás. Cuando esté bien sujeto, cortas el nudo.
Para rematar, pasa la aguja por debajo de varias puntadas del revés y corta.
El orden de trabajo
Una buena costumbre es bordar primero los rellenos y después los contornos, que tapan pequeñas imperfecciones de los bordes. Y trabajar de las zonas del fondo a las del primer plano: primero las hojas que quedan detrás, luego las flores que van delante.
Trabaja con tramos de hilo de unos 40 o 50 cm. Los hilos largos se enredan y se desgastan, y el hilo desgastado pierde brillo.
El acabado
Cuando termines, borra las marcas del diseño según el tipo de rotulador. Si la tela se ha arrugado, plánchala por el revés sobre una toalla, para no aplastar las puntadas.
Para presentar la pieza en el propio bastidor, recorta la tela sobrante dejando unos 3 cm, frúncela por detrás con una puntada de hilván y tapa el reverso con un círculo de fieltro cosido o pegado. Queda un acabado limpio, listo para colgar.

Si prefieres enmarcarla, monta la tela tensa sobre un cartón rígido y elige un marco con algo de profundidad para que el cristal no toque el bordado.
Cómo seguir avanzando
Cuando domines el proceso, el siguiente paso es ampliar tu repertorio de puntadas y probar diseños propios. También es interesante explorar otros soportes. El bordado en papel, por ejemplo, cambia completamente el ritmo: no hay bastidor ni tela que tensar, y obliga a planificar cada agujero de antemano. Tienes la técnica en nuestra guía de bordado en papel. Y si te interesa conocer otras tradiciones, mira tipos de bordado.
Preguntas frecuentes
Para empezar, un algodón de grosor medio o un lino de trama firme y no elástica. Las telas elásticas o muy finas dan problemas al principio.
En tela, casi siempre conviene. Mantiene la tela tensa y evita arrugas y puntadas irregulares. Elige uno algo más grande que el diseño.
En telas claras, calcando a contraluz con un rotulador borrable. En telas oscuras o gruesas, con papel de calco para tela. También existen estabilizadores solubles en los que se imprime el diseño.
Tramos de unos 40 o 50 cm. Los hilos más largos se enredan, se desgastan y pierden brillo.
En el propio bastidor, recortando la tela sobrante y tapando el reverso con fieltro, o enmarcado sobre un cartón rígido en un marco con algo de profundidad. Tienes más opciones en cómo enmarcar un bordado en papel si trabajas sobre cartulina.

